Hoy nos vuelve a invocar un episodio de violencia. No de esos a los que -muy a pesar nuestro- nos estamos acostumbrando en Uruguay.
Nos referimos a lo que sucede, esta vez, en Salto y que tiene que ver con la muerte de un niño tras ser atendido en el hospital público de ese departamento
Parece ser que los problemas no tienen fin allí. No es la primera vez que algo lo vuelve noticia.
Un espacio donde los enfermos van a curarse debe ser eficaz, eficiente, pulcro, lógicamente. Pero también debe dar a sus pacientes, tranquilidad. Porque enfermos, somos vulnerables. Y lo menos que necesitamos es un ambiente hostil.
Cabe preguntarse entonces, cómo están trabajando los médicos allí cuando, a raíz de la desgraciada muerte de un niño, la pediatra que actuó es objeto de un linchamiento en redes sociales y de una instigación permanente?
Cómo se puede dar una atención adecuada si aún está fresco el recuerdo del homicidio contra el neurólogo Pablo Gaudin en manos del esposo de una paciente fallecida? Este hecho aunque sucedió el 11 de enero de 2009, quedó grabado en la memoria colectiva.
Volviendo al inicio, ahora es noticia el fallecimiento de un niño durante una internación. Según dijo la madre al diario El País, su hijo falleció en sus brazos tras recibir una medicación que no supo cuál. Denunció además que ella advirtió que el niño no estaba bien, pero que no le tomaron en cuenta.
Más allá de las investigaciones de rigor que se están llevando a cabo por la muerte del niño, la pregunta que me genera esto es: desde cuándo, cualquier situación se intenta saldar a través de la convocatoria masiva a violentar, agredir o estigmatizar a alguien? Cuándo se convirtió en la manera de «solucionar» un problema? Desde qué momento nos convertimos en » justicieros» o en «hacedores de Justicia por mano propia»?
Preocupa allá, acá y en todo el país. El proceso hacia la intolerancia y su campo orégano, y para peor proveniente de los adultos que deberíamos dar el ejemplo, es inquietante.
Habrá que poner el foco también en esto. O seremos un pésimo camino a seguir para quienes nos sucedan.

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