por Ramón Legnani
Hace trece años, en marzo de 2004, escribí una nota de prensa con el mismo título que este de ahora. Fue con motivo de ataques con bombas a estaciones terminales de trenes en Madrid y señalé como marco de la tragedia, los celulares de las víctimas sonando insistentemente a la búsqueda de una respuesta que ya nunca más se produciría.
Fue a mediados de la década de 1930 que la población civil se convirtió en objetivo de guerra. Primero fue la aviación del gobierno de Benito Mussolini, que bombardeó a Etiopía. Inmediatamente en abril de 1937 fueron las aviaciones combinadas de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini que bombardearon Guernica.
Bertrand Russell en su libro «El Poder en los Hombres y en los Pueblos»(1939) señaló esos primeros hechos de guerra y analizó las descripciones que hacía de esos ataques aéreos Bruno Mussolini, héroe de la aviación de guerra y concluye escribiendo, «es probable que el hombre que tiene a su disposición un vasto poder mecánico, si no se le fiscaliza, llegue a sentirse un dios, no un Dios cristiano de amor, sino un Thor o un Vulcano paganos».
Señala Eric Hobsbawn en su «Historia del Siglo XX», que éste se caracteriza por ser el más guerrero en la historia de la humanidad y en el que más genocidios se practicaron.
En la guerra de 1939 a 1945, la Alemania nazi buscó insistentemente quebrar la resistencia de los ingleses con los ataques sistemáticos desde el aire a la población civil. La guerra concluyó definitivamente, cuando en 1945, EEUU tiró bombas atómicas sobre dos ciudades de Japón. Logró quebrar toda resistencia del Eje Berlín – Tokio, matando directamente a miles de niños, ancianos, mujeres, vivos en ese momento y provocando graves enfermedades en los niños que naciesen en los años siguientes en esas regiones.
En 1624 , hace casi cuatro siglos, el poeta inglés John Donne, escribió los versos que utilizó Ernest Hemingway en el prólogo de su libro sobre la guerra civil española en la que participó como corresponsal:
Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions (1624)
Seguramente ha quedado incorporada a la historia del pensamiento la escena de la película «La Batalla de Argel» en la que la respuesta ante la pregunta del inquisidor:
– ¿porqué pusiste la bomba explosiva en el mercado, donde hay mujeres, niños, gente indefensa, población civil, …?
– «Porque no tenemos aviones para bombardear como ustedes».
Esa respuesta tal vez sea síntesis del pensamiento de muchos de quienes se enfrentan a un poder que perciben inaccesible. Y explique, aunque no justifique, que el Siglo XXI estará pautado por ataques a la población civil.
Si el objetivo es el caos, el anonimato del autor contribuye a aumentarlo.

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