Era una imaginación desbordada por las lecturas de viejos libros que iban desde los tres tomos de «Los Tres Mosqueteros» pasando por los cuatro de «Veinte Años Después», que luego de desaforados enfrentamientos con piratas y tremendas tormentas que parecían hacer zozobrar el galeón hacía un breve descanso en «La Isla del Tesoro» y pasaba a enfrentar las largas descripciones de «Notre Dame de París» y de la red cloacal por donde habría de fugarse Jean Valjean, todo iluminado por las grises páginas de las «Miserias Humanas» de Zola.
La biblioteca de mi padre estaba poblada de éxitos editoriales en los que me zambullía diariamente.
En esa penumbra neblinosa en que se mueven los recuerdos infantiles aparece «El Mundo Tal Cual Es», un libro que manejábamos a diario en la Escuela y en el que buscábamos información sobre todo de geografía. Y el mundo era así nomás, como allí nos decía.
El hábito de la lectura continuó.
La suscripción a «El Correo de la UNESCO» desde su aparición al comienzo de los 50 hasta su agonía en versiones digitales hacia comienzos del Siglo actual me permitió acompañar muchos de los aportes que desde distintas especialidades ilustraban al lector sobre el ambiente, sus componentes y su degradación por acción humana. La búsqueda en librerías de los autores citados en «El Correo de la Unesco» me permitió conformar una pequeña biblioteca de Ecología.
Seguí desde los primeros planteos en 1965 del agotamiento de las reservas de agua por contaminación y aumento del consumo y la extensión de los desiertos donde antes floreció la agricultura. Leí por entonces a quienes tomaban observaciones del Siglo XIX y de las primeras décadas del XX y señalaban la acumulación de gases de efecto invernadero y su consecuencia, el cambio climático. Por su parte el Comandante Cousteau advertía sobre el agotamiento de la fauna marina por contaminación y explotación excesiva.
Gracias en gran parte a la acción de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) los científicos mundialmente trabajan en red sumando sus esfuerzos en pos de captar la real situación del mundo y de nuestra relación con ese ambiente gracias al cual subsistimos.
Nunca hubo tal proporción de científicos que sumando sus conocimientos coincidieran en una posición: es urgente e imprescindible que la humanidad tome decisiones y ajustemos nuestras conductas al máximo cuidado de la Naturaleza y sus ecosistemas, gracias a los cuales vivimos.
Ver para creer, afirma el antiguo dicho y estamos viendo los numerosos aportes de humanos que han dedicado su vida al estudio y con sus investigaciones nos permiten ver lo que de otra manera no veríamos.
Sin embargo aparece una poderosa corriente de pensamiento de quienes creen ver más allá de lo evidente. Más allá de lo demostradamente cierto, más allá de lo que está claro, más allá de aquello que no deja la menor duda.
Creen ver más allá de lo verdadero: lo suyo es la posverdad. Creen que han triunfado gracias a su intuición y ahora, frente a la posibilidad de una tragedia universal, global, creen que gracias a su intuición de iluminados volverán a triunfar, aunque den un salto al vacío y en él, arrastren a casi toda la humanidad.

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