Es escasa la literatura a que ha dado lugar el futbol. Recuerdo, «El Centroforward murió al amanecer», obra de teatro que vi cuando estudiante. Luego, de Eduardo Galeano, «El Futbol a sol y sombra».Repasa mundiales, anécdotas y figuras destacadas. Señala a Barbosa, de Brasil elegido como el mejor arquero del Mundial de 1950 pero «condenado» por la derrota en Maracaná y reflexiona que las multitudes no perdonan el pecado de perder.
Luego los libros del coloniense Daniel Baldi, sobre las peripecias de niños que disfrutan del juego, aunque muchas veces los adultos los cargan de responsabilidad.
Insiste en que quien intente ser futbolista profesional, no se dedique sólo al futbol. Niños y jóvenes deben proseguir los estudios. Son pocos los que llegan a vivir de este deporte.
El pasado 12 de junio, en el Museo del Futbol, en el Estadio Centenario, se presentó el libro «También nos roban el futbol». La crónica (la diaria, martes 13 de junio) de la presentación y entrevista a los autores es muy interesante y original. Se puede leer completa en mi muro de FB.
Los autores son Àngel Cappa, exjugador en los cuadros de su natal Bahía Blanca (1946) y extécnico de River Plate y Huracán y luego en España en Barcelona y Real Madrid. Es Licenciado en Filosofía. Su hija, madrileña, periodista, contribuyó al libro asumiendo además el papel de investigadora.
Resaltan que el futbol pasó de ser una pasión de multitudes al negocio de unos pocos.
Ante la pregunta: «¿quién nos roba el futbol?», responden: pagamos por todo, por camisetas, por partidos, por entradas, por verlos en TV, por todo pagamos. El poder económico nos roba los bienes comunes, los mercantiliza y los convierte en algo que se compra y se vende. Nos hacen creer que no hay alternativas. Los medios de comunicación tienen mucha capacidad de manipulación y te convencen que esto es lo bueno y debe ser así.
La influencia del dinero le ha transmitido los valores del capitalismo al futbolista. Los valores son producir. El jugador deja de jugar por jugar y empieza a jugar para ganar… ahora hay que producir puntos, porque se trata de vender un producto. Vende el que gana, el que pierde no vende. Ganar es una obligación. Al jugador le dicen que es un trabajo y que tiene que cumplir porque es un trabajo como cualquier otro.
Cuando llega a inferiores aparece el negocio. No por él, sino por la familia, por los representantes, … no sueñan con ser jugadores, sueñan con ser Cristiano Ronaldo, con el dinero y la fama. No aspiran a jugar en Peñarol o Nacional, quieren irse a Europa para ganar dinero.
«Nos han convencido que este es un futbol pobre y eso es mentira: es futbol empobrecido. A todos nos gustaría jugar en nuestro país, pero nos obligan a irnos, porque sino, dicen, nos moriremos de hambre.
En España, la transformación de los clubes en sociedades anónimas ha sido un campo de corrupción. Lo dice «Transparencia Internacional». Los dirigentes vaciaron los clubes, luego vinieron los inversionistas, que no tienen idea y no tienen interés en el fútbol y en todo lo que representa. Eso es parte del robo. El fútbol le pertenece a la gente y no a estos tipos. Para ellos hay que ganar como sea, sólo vale el resultado. El juego era el vehículo para la identidad, pertenecías a algo: a un barrio, a la camiseta, a una familia, pero ahora lo han convertido en un negocio. En Uruguay el futbol todavía da ese sentimiento de pertenencia. Pero si pasa a ser sólo un negocio desaparece ese sentimiento. Sólo sirve ganar, no importa la forma, por eso se valora el «poner huevo». A los veteranos que vimos otro tipo de juego, dijo Cappa, esta concepción del juego nos repele.
Respecto a los jugadores de Uruguay y su movimiento «Más Unidos Que Nunca», opinaron que era importante porque evidencia todos los tópicos que están contra los jugadores. En una sociedad cada vez más individualista este movimiento solidario es emocionante. Resulta alentador que la gente joven tenga rebeldía como para oponerse a las injusticias y para reclamar lo que les corresponde. Es esperanzador, como una señal de que no todo está perdido. Todavía hay lugares donde se reclama lo justo y que no se dejan llevar por delante por el poderoso ni por los que tratan de convencerte de que sos inferior. Es una actitud que dignifica no sólo a los uruguayos, sino a todos los jugadores.

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