Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, Los grandes acontecimientos son fáciles de evocar, pero al final suelen ser el resultado de
esos pequeños acontecimientos en los que no habíamos reparado.
Ahora no me conoces
En dónde estamos?

Ahora no me conoces de la semana anterior
Tienda Rivera, Rivera y Amsterdam. (Susana López)
Héctor Di Giácomo
La historia y el cine
Parte II

En este filme desarrolla un estilo periodístico apoyado en una fotografía con una
trabajo de color muy especial, lo que le da un carácter de reportaje al filme, que
tiene una línea narrativa peculiar porque comienza por el final, esto es el
accidente, y retrotrae la historia a cómo vivió Mattei su experiencia y desarrollo
empresarial en defensa de los intereses del estado italiano, pero intercala en la
narración sucesos posteriores, como la desaparición de periodista Mauro de
Mauro, a que referiremos más adelante.-
Para interpretar al personaje central, escogió a un destacado actor: Gian María
Volonté, a quien dirigió como protagonista en las dos últimas de la lista antes
mencionada.-
Volonté era una suerte de gran transformista, que se metía en la piel de sus
personajes, ya fuere el mafioso Lucky Luciano o el escritor Carlo Levi en los
filmes dirigidos por Rosi, pero quien también interpretara a Bartolomeo
Vanzetti en el recordado filme de Montaldo “Saco y Vanzetti” o que llegara a
actuar en películas famosas como “Por un puñado de dólares” y “Por unos
dólares más” junto al ahora consagrado Clint Eastwood en sus comienzos con el
director Sergio Leone o para Elio Pertri en filmes como “Investigación de un
ciudadano libre de toda sospecha” o “La clase obrera va al paraíso”, en una
larga carrera cinematográfica que tuvo un nivel de exigencia no habitual en un
actor.-
En este filme desarrolla una magnífica interpretación del Ingeniero Mattei,
mostrando la vehemencia de su capacidad en la defensa de sus convicciones y la
respuesta rápida y acertada ante los periodistas que le entrevistaban. La verdad
es que se trata de un filme de culto que conviene ver o revisar.-
Este filme compartió el Premio del Festival de Cannes con “La clase obrera va al
paraíso” en 1972, ambas protagonizadas por Volonté .-
Para completar la lista de sucesos extraños que rodearon “El caso Mattei”,
conviene recordar que cuando la estaba rodando, el director Rosi encargó al
periodista Mauro de Mauro investigara en Sicilia los últimos días de Mattei, y
quien habría conseguido una grabación de las últimas palabras del mentado
Mattei. Corolario: el periodista desapareció y jamás fue hallado su cuerpo.-
Años más tarde, un mafioso arrepentido declararía que Mattei habría sido
asesinado a pedido de la Cosa Nostra americana.-
Como dije al principio, pude hablar de Cine y de Historia. De Justicia quise pero
no, porque ninguna persona fue responsabilizada por ninguno de los crímenes
reseñados en este artículo.-
Daniel Da Rosa
Biografías Improbables

Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los
Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso
(25/10/1881-8/4/1973
El susodicho nació en Málaga. Hijo de Apolo (en el cuerpo de José Ruiz Blasco)
y de Venus (en el cuerpo de María Picasso López). Era el mayor de los
quintillizos Ruiz Picasso. No los nombro porque cada uno lleva once nombres
como su hermano mayor, por ejemplo, el segundo hermano se llama Diego José
de Paula… Trinidad Ruiz Picasso y Pablo; y así sucesivamente con el tercero,
José, etc. Sus hermanos cuando mayores se dedicaron al negocio del cultivo de
la papaya y se hicieron millonarios. Pablo, en cambio se dedicó a la pintura, al
dibujo, la escultura, a la caza de elefantes morados a través de la hipnosis, a
adiestrar gavilanes para avistamientos de ballenas, además de estudiar la
fertilidad de los tatúes. Cansado de tantas actividades se va a vivir a la zona
rural de Melgarejo donde da rienda suelta a su amor por el canto, realizando
varios conciertos junto al pianista Felisberto Hernández en la Quinta Capurro,
en la bella Santa Lucía y cortando uvas en los viñedos del Paso del Sordo. Se
traslada posteriormente a la Tercera sección a la casa de Martín Bentancor
donde conoce a la bailarina rusa Olga Koklova, que precisamente, visitaba al
escritor, y con la cual se casa poco después en Italia. Nueve años después, de
tanta “Época azul y rosa” comienza una relación amorosa con Marie-Térese
Walter con quien tiene dos hijos, Paul y Maya. Pero gracias a su amigo George
Braque y al “Cubismo” se enamora de Dora Maar y rompe con Marie-Térese en
forma amistosa. El corazón de Pablo es enorme y convencido de que Dora no era
la mujer que él deseaba tener para toda la vida conoce a Françoise Gilot, con la
cual tendrá dos hijos, Claude y Paloma. Por esa época vive en París. Cuando se
muda definitivamente a la bella ciudad de Santa Lucía, allí tendrá otro vuelco de
amor y contrae segundas nupcias con Jacqueline Roque, con la cual, por fin,
vivirá hasta el último día de su vida, en el Mirador de dicha ciudad.
Eduardo Mollo
La Bella: Personajes Ilustres ( 37 )
No era sólo la maldad y las intrigas las que hacían infeliz a la gente, sino la
confusión y la incomprensión; ante todo, era la incapacidad de comprender la
sencilla verdad de que las demás personas son tan reales como uno.
«Expiación» (2001), Ian McEwan
“ Bititi ”
( Mario Cotelo García )
( Tercera parte )
Hasta ahora, al escribir en La Bella: Personajes Ilustres, sobre
Toribio, Javiel Cabrera “ Cabrerita ”, Mateo Legnani y Humberto “ Mono ”
Vitello, no incluí – en ningún caso y de forma deliberada -, ninguna opinión
personal sobre estos invitados de lujo.
Como expliqué en el artículo dedicado a agradecer a los
escritores de Santa Lucía, ( verdaderos artífices de la descripción de los
personajes ), basé exclusivamente el contenido de cada edición, en las
producciones de esos escritores, variadas por cierto, en el tiempo, en el enfoque,
en la comunicación de esa visión, en fin, en la transmisión de su sentir.
Me voy a permitir transgredir esas normas, en el caso de
Mario “ Bititi ” Cotelo, simplemente porque existió un vínculo sincero y
amistoso con él, además del que mantuvimos como docente – alumno. ( Mario
fue integrante del Coro de la Casa de la Cultura.)
En lo personal, no puedo recordar claramente si conocí a
Toribio, aunque sí recuerdo su nombre asociado al temor, al miedo; con
Cabrerita hablé muchas veces pero el vínculo quedó instalado sólo en esas
charlas matizadas con cigarrillos; conocí a Mateo Legnani y a Humberto Vitello
pero nunca hablé con ellos. Estas razones fundamentan un poco más mi
transgresión.
Mario tenía algunas particularidades físicas, como cualquiera
de nosotros: un cansino andar de largos pasos, los brazos en vaivén constante,
una rubia cabellera cuyo largo iba acorde con el que imponía la moda juvenil
por esos años.
Tenía ojos claros y tristes por los cuales entraba un mundo
local, agresivo y desconsiderado con él, que tal vez Bititi nunca llegó a
entender. Poseía además, una voz grave, profunda, por la cual salían palabras,
ideas, canciones, que seguramente el mundo exterior nunca llegó a entender…
Creo que definitivamente el “ mundo interior de Mario ” y el “
mundo del afuera ” nunca llegaron a entenderse: al mundo de Bititi le sobraban
ingenuidad y bondad, y al mundo exterior le sobraban condena y prejuicios.
Mario tenía en los dedos pulgar, índice y medio de su mano
derecha, la indeleble mancha de un muy oscuro color ( casi negro ), producto de
la constante acción del calor y de la nicotina de su enorme cigarro de tabaco
armado, con el que pretendía, seguramente, calmar esa falta de tranquilidad y
serenidad que habitaban en él, vaya uno a saber producto de que situaciones
que lo perturbaron y sacaron del centro que tenía en su juventud.
Alfredo Gomez
Letras en camiseta
Azulestambul
En el calor de la penumbra, hora de la siesta solitaria, mientras se cocina el
mundo y hasta respirar cansa, voy recordando esta misma hora de otros
momentos.
Parral, racimos verdes y violetas, murmullos de mangangá, un gato blanco que
encandilaba sobre su piel morena, su cara en media sombra.
¿Por qué será que arrastro ese momento tan presente en mi memoria? ¿Por qué
ese y tan sólo unos pocos más de los que hicieron tres años?
Las perlitas de sudor sobre sus labios, sus rizos sobre la almohada, y quererla
hasta llorar y reír de alegría.
Y hoy igual, treinta años después, me envuelvo en aquella siesta, y caigo en la
noche, su carta desde un velero bajo el cielo del Mediterráneo, y me detengo en
esa noche, cuando extrañarnos nos mantenía cerca, aunque igual de lejos que
ahora que ya no hay cartas.
Y entonces, por un instante, sólo por unos segundos, quisiera que fuera verdad
el más pueril del más allá eterno, y volverla a encontrar para regresar a ese
tiempo.
Tendría que ir algún día a puerto al que nunca fui, donde se pintan de azul
las largas noches de invierno.

Omar Adi
Volvió una noche.
En homenaje a Gardel, que durmió en Santa Lucía hace tanto
tiempo.
Era primero de setiembre y el Hotel Biltmore cumplía ciento treinta
años. Al abrir el cajón, un soplo helado levanta por los aires un
papel garabateado. Dice ésto:
Después de los ravioles y el champán me mandé a bodega como un litro de Agua
Salus (algunos de los comensales locales le llamaron Acquasana, vaya uno a
saber por qué) y me acosté pensando que iba a ser clara la aurora porque ya me
había tomado lo alegre del manantial pero minga de claridad, hermano.
Me sentí raro y entonces busqué un espejo y me quise mirar.
Me asustó lo que vi, compadre.
Le grité a la sombra pero qué hacé, me afanaste hasta el color y estuve a punto
de llamar a los muchachos que dormían en la habitación de al lado para decirles
que si los cacha los da vuelta, no les da tiempo a rajar.
Estaría dormido, no sé, pero sentí -ahora, no antes, no sé cómo explicártelo- que
la odian mis ojos porque la miraron o de repente estaba despierto, porque
recién había colgado el sombrero en el perchero y de golpe en caravana los
recuerdos pasan y puede ser que no sea recuerdo sino aparición, fantasma, cosa
oscura y roja sin cara que flota y me habla y me grita aunque a veces susurra con
una estela dulce de emoción que alivia por un cachito el viento de locura que
atravesa mi merte (merte de mertal, de cabeza, vos me erterdés) y cuando
pensaba que me dormía manso porque algo o alguien (¿plumas de paloma?)
acaricia mi ensueño, entonces vuelve lo rojo y lo negro, aunque uno cerró fuerte
los ojos y apretó fuerte los labios y de golpe encendió las luces y me parece que
son las mismas que como las de jólivu alumbraron con sus pálidos reflejos otros
días, no esta misma noche, hace un rato, cuando le canté a los muchachos del
Club Nacional de Fóbal “Palomita Blanca”, el vals que José Nasazi me pidió a
gritos parando el partido de truco.
Pero la sombra tiene el dos de la muestra y me busca y me nombra y quiere
chamuyarme algo sin que yo entienda qué, calcinada y colorada maldita sombra,
jodida la sombra, te digo la verdad, dejando sólo brillar lo que parece la sonrisa
de la mejor foto de Silva pero sin cara, ¿me entendés?.
No sé si tengo el gacho puesto o está en la percha pero cuando me miré en el
espejo estoy seguro que era una sombra lo mismo que yo y tenía como una
sonrisa bajo el ala del sombrero, lo que significa que yo tenía el sombrero
puesto, ya ves que todo se va aclarando, aunque la sombra en la sombra siga
siendo rojo-oscura, fulera, fané, no sé cómo explicártelo.
Quisiera entender qué pasó después de colgar el sombrero, aunque, esperá.
Alguien desde afuera me dice que errante en la sombra me busca y me nombra,
pero el asunto no cuaja porque no escucho los ruidos de la noche, así que no me
nombra nada. Ni los ronquidos del Panza escucho, entonces ¿todo es grupo
todo es falso o qué?
Sin embargo ahora cacho una voz finita en el piso de arriba: sí, señor presidente
y juno un tipo lleno de galones y con un plumero que le sale de debajo de la
nariz (*) y tengo miedo de aquel espectro, no es para menos, digo yo.
Vos dirás que es sólo un fantasma del viejo pasado pero no, porque ahí está el
asunto, no sé si fue pasado, es presente o será de repente futuro, quién te dice.
No se trata del dolor de ya no ser, se trata de no saber ni siquiera si soy. O si fui,
aunque uno mismo no puede ser pasado cuando hace un rato dejó el sombrero
en la percha.
Ahora, compadre, todo está callado, menos la sombra en la sombra.
Pensar que cuando llegué, amigazo, la cruz del sur fue como un sino, pucha
digo.
Bajo el burlón temblar de las estrellas me sentí medio poeta y con ganas de
escribirme algo como si fuera esa señora Luisi o ese señor Vasseur de los que me
contó don José que andan por estos pagos, aunque después uno tuviera que
pedirle al Bolita que corrigiera las faltas. Ahora, ¿por qué era burlón el temblor
de las estrellas? Guardo escondida la esperanza humilde de saberlo.
Lo que sí estoy seguro de saber es dónde estoy: en el Hotel Biltmore de Santa
Lucía.
Me invitaron a cantar y canté. Me invitaron a morfar y morfé. Me invitaron a
quedarme y me quedé, no sé para qué, mirá.
Don José, el señor menudito y macanudo que te decía, me mostró las salas, las
habitaciones, los mármoles, las piedras de Hamburgo, la glorieta con glicinas, la
pieza treinta y dos preparada para mí, la pila de racimos de uva del gran parral
del patio y hasta me dijo que Sarmiento había dicho no sé qué cosas de las uvas
y que Rodó de repente chapó una copa del hotel para escribir una para-bolas o
algo así. Este es un lugar posta, hermano, muy romántico, muy abacanado.
Pero la sombra en el espejo sobrevuela la pieza -pero no con sereno vuelo, no sé
si me explico- y grita porque se quema, enrojecida.
No escucho gritos afuera. Son como de adentro de la sombra, ¿sabés?
Me pregunto si estamos en 1933. Deberíamos.
También debería estar soñando al dormirme luego de cantarle a los jugadores
en el Hotel Biltmore de Santa Lucía. Pero no escucho ronquidos ni grillos.
No escucho ni el silencio, hermano.
No me mires así. Vos también ves que un tipo con un perro abre la puerta y mira
la pieza. No me ve. Pero, de golpe, un rayo misterioso hace nido en su pelo (en el
del perro) y comprende mi pena inaudita (el perro la comprende, ¿entendés?).
El me ve. Recién entonces yo también comprendo.
El bicho vuelve a mirarme, le ladra sin ganas a la sombra -no a mí- y se va en
silencio sin un reproche.
Se llama Redman (), ¿te das cuenta?. Es peludo, blanco y piola y todas las noches me visita en esta habitación treinta y dos. Le gusta el tango al loco. (*) Referencia a Máximo Santos, que ejerció la Presidencia de la República desde las instalaciones del Hotel (N. del E.) () Redman era la mascota de Eduardo Monzeglio, responsable del Hotel
cuando se escribió este relato.(De Cajon de Turco)
Ilustraron s/d, Pablo Picasso y Joaquín Sorolla.
Nadie salta por encima de su sombra. Nadie salta por encima del
origen.PQ

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