Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
El mundo sin Hugo II
Guillermo Alvarez Castro.
Me formé como lector de poesía gracias a Hugo Fontana, cuarenta años atrás cuando, estando yo en cama con una gripe fuerte, me hizo llegar una cantidad de libros de los poetas que él más amaba, para que yo empezara a entender de qué era que estábamos hablando.
Años después, cuando murió mi padre, hundiéndome en la desolación más profunda que recuerdo hasta ahora, Hugo escribió un puñado de poemas, que tituló Poemas para la muerte, y que Cielo Pereira, su mujer de entonces, dejó en la recepción del lugar donde yo trabajaba. Hugo fue un gran poeta por más que abandonó la escritura de poesía para dedicarse a ser el mejor cuentista uruguayo desde Onetti. Cada tanto releo esos poemas que hablan tanto de mi padre muerto como del suyo y que significan para mí una de las mayores demostraciones de amistad que puedan concebirse.
Ojalá descanses en paz, querido amigo.
Salú.
Luis Fernando Iglesias:
Conocí a Hugo alrededor de 2004. Fernando Rama me había regalado su libro Las historias más tontas del mundo, el mejor libro de cuentos de autor uruguayo de las últimas décadas. A las semanas me lo crucé en Plaza Independencia. Lo paré y le dije si no le habían dicho que escribía parecido a Raymond Carver. A los pocos días fuimos a tomar un café. Se enteró que escribía y asumió la tarea de leer, corregir mis textos y darme consejos de lecturas y caminos que debía tomar. En 2005 me invitó a formar parte de los lunéticos. El día que se enteró que yo había ganado el Narradores, se le llenaron los ojos de lágrimas y me abrazó. Sabía que él era uno de los grandes responsables de esa felicidad.
El lunes pasado nos vimos por última vez. Estaba feliz, su vida parecía una vez más tomar por un buen camino. Iba a descansar una semana a Punta Cana. Nos despedimos y, junto a Mercedes y Álvaro, lo vimos caminar por la calle San José a paso lento y seguro. Querido amigo te vamos a extrañar. Un abrazo que llegue a donde sea.

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