Vacunación

El pasado miércoles 12 de enero se comenzó con la vacunación en el
Centro Auxiliar de Santa Lucía, al igual que en todo el país. Uruguay se
suma a la lista de 61 países que dieron inicio a la inoculación de niños
menores de 12 años contra el coronavirus.
Santa Lucía es una de las 10 ciudades distribuidos en los 11 vacunatorios
del departamento de Canelones.
Si bien ser vacunado no le simpatiza a ningún niño, la mayoría logran
dominar su miedo y luego de recibir la dosis esperan algunos minutos y se
retiran sin problemas a su casa. Algunos de los padres que acompañaron a
sus hijos indicaron que vacunarlos fue una decisión tomada luego de
algunas dudas para lo que se informaron y consultaron a los pediatras
tratantes de los niños.
El Comité de Infectología y Vacunas resolvió “por amplia mayoría”
recomendar la vacunación contra la covid-19 a niños de entre cinco y once
años, “estando atentos a los reportes de seguridad, eficacia y efectividad en
países que ya han implementado dicha estrategia, así como a la generación
de nuevas evidencias de países que utilizan otras plataformas para esta
franja etaria”. Para hacer la recomendación, consideró la efectividad que
han demostrado tener las vacunas en Uruguay en adultos y en adolescentes.
Antes de la vacuna ASSE llamó a «no administrar analgésicos» a los
menores y a informar a los vacunadores si el niño por vacunarse tiene
alergias
Diego García Director Departamental de Salud, dijo que se trata de un gran
esfuerzo que está haciendo el departamento entre las instituciones
apoyando la lucha antituberculosa en toda esta causa nacional.
Actualmente están inscriptos aproximadamente un tercio de los niños que
están habilitados en Canelones. Se sigue trabajando e incentivando a la
vacunación. En cuanto a la posibilidad de algún vacunatorio móvil, se está
coordinando pero en principio se empezó por la vacunación con agenda
porque se quiere ver cómo realmente se trabaja con los niños, ya que
vacunar niños y vacunar adultos es totalmente diferente, agregó García.
Como se ha informado, los niños nunca estuvieron presentes en la
estadística de casos graves –salvo excepciones, como el Síndrome
Inflamatorio Multisistémico (MIS-C) que afecta a niños que pasaron por el
virus–, la necesidad de vacunarlos surgió cuando, debido a la alta
vacunación de la población adulta, los vectores de contagio pasaron a ser
los menores. Esto llevó a que en octubre se generara un aumento de casos

debido a brotes ocurridos en varias escuelas, lo que en su momento, incluso
detuvo los planes del gobierno.
La preocupación generada tras la ola de contagios récord, o el
miedo a que la variante ómicron se empecine con los menos
inmunizados, está siendo el mejor promotor de la vacunación. Algo
más de un tercio de la población de entre 5 y 11 años ya se
agendó, según las proyecciones del Instituto Nacional de
Estadísticas.
La necesidad de que haya suficientes adeptos no es solo una cuestión
epidemiológica o de estrategia previo al comienzo de clases, sino también
logística. Porque las dosis pediátricas son de 10 microgramos (tres veces
menos concentración que para la población adulta) y de cada frasquito
(vial), el vacunador obtiene 10 dosis.
“Uno de los desafíos es buscar la manera de que, en cada jornada, no haya
remanente y se administren todas las dosis de los viales”, explicó la
Pediatra María Catalina Pírez , quien preside la Comisión Honoraria
para la lucha Antituberculosa  y es responsable de la logística de
vacunación.
Y.S.

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