Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, ni siquiera los hechos dicen siempre la verdad.
Ahora no me conoces
Dónde está el santalucense?

Ahora no me conoces edición anterior
Ruben Nené Torres, Clemente Estable y Hector Ragni (Susana Lopez)
Omar Adi
BULTOS QUE SE MENEAN.
Guía de fantasmas de mi pueblo.
Raúl Armando Cabrera Alemán.
O mejor, Cabrerita. O mejor aún, Javiel.
Las niñas del electroshock.
Es imprescindible pararse en Rivera y Amsterdam y mirar hacia Virrey Vertiz.
En las tardecitas sobre todo de otoño se adivina no una presencia bajo una
sábana sino un aura de colores sobre una presencia, que no es lo mismo.
Habla poco y si lo hace te llena de una bondad que no toma en cuenta
desamparos e injusticias y entonces es inevitable sentirte culpable.
Se trata de afinar oído y corazón para ver a Esther.
O tal vez, si es uno maledicente, para escuchar a José Parrilla, su mentor y
protector que más allá de su “Esterismo” (en doscientos versos repitió
setecientas veces el nombre de Ester con hache o sin ella), dijo una vez lo que
para este escritor lo eleva al aplauso: “me gustan las mujeres hasta que llegan a
la edad en que les empieza a crecer la señora”.
María Esther Gilio sentenciaba: «En definitiva, la pintura de Cabrera es el
mundo de la poesía de Parrilla, traducido en línea y color».
A Cabrerita se le detuvo la memoria en su niña rubia, tal vez la misma Esther,
antes de la señora.
Pero esa niña no fue la misma luego de cincuenta años de enfermedad y
tratamiento (hoy se diría de electro convulso terapia).
Ella fue otra y él fue otro. Esquizoide sí, pero encallecido, llevándose el pelo
hacia adelante constantemente, contestando monosilábicamente, manso hasta
la exasperación, tal vez por la pipotiazina.
Cuando Javiel sobrevuela la Colonia Etchepare (lo hace poco pero lo hace) su
Esther ya no es la que era (plácida, serena): es debilucha, ausente, alterada,
como si fuera Susana o Carmen o lo que quieran tal vez con la inyección de
100ml de Piportil al mes.
En cambio al aletear por Amsterdam entre Rivera y Virrey Vertiz, donde vivió
con la familia Luchinetti que lo rescató de la miseria de la Colonia, su aura brilla
de otra manera.
Pero siempre fue un tipo inusual incluso antes de los electroshocks.
Los cronistas dicen: “Corre 1946 e Idea Vilariño observa a ese pequeño ser
indefenso sentado a una mesa del Sorocabana. La conmueve lo insólito de su
figura y la convicción de la bondad de sus acuarelas”:
“Creí que era un mendigo. Con su gesto de pedir disculpas, su actitud humilde,
sus ropitas; su frágil humanidad, su delgadez extrema, sus mínimas muñecas,
sus manos transparentes, sus ojos sin color, su apenas voz. Lo saludaron
afectuosamente y nadie se ocupó más de él… quedó leyendo infinitamente en
una revista de Anda los anuncios, los avisos a los socios. Andaba a menudo
entre la rica fauna intelectual y artística de la Plaza Libertad trocando una
acuarela por un café con leche. En 1954 se interna en el Vilardebó, no por
indicación psiquiátrica sino porque la familia que lo alberga pasa serias
dificultades… y de allí a la Colonia… 30 años de asilo”.
Se ha dicho que Cabrerita era “distinto hasta para el entorno poco prejuicioso y
a menudo solidario que lo rodeaba. Carecía de alojamiento y de trabajo, vestía
como un mendigo, era desaseado, y arisco pese a su timidez, no tenía el menor
sentido del dinero, vivía a café con leche que pagaba con algún peso que le
daban sus amigos en acto de generosidad y cuando vendía algunas de sus
obras”.
La Bienal de San Pablo, el afiche del teatro Essaion de París (Parrilla lo había
llevado a la ciudad luz y él, apagado), el juicio de Torres García (“tiene algo del
cuatrocento”) el de Espínola Gomez (“es el mejor acuarelista que registra la
historia plástica uruguaya”), sus obras mirándonos fijamente en el Blanes y en
el Museo de Artes Plásticas.
Nada de eso consiguió sacarlo de su mutismo, de su gesto de peinarse hacia
adelante con la mano, de su mundo personalísimo en el cual sólo Esther lo
miraba con ternura.
Cabrerita, es decir “Javiel”, en las noches de otoño cuando son cálidas, recibe
una y otra y otra vez, la mirada interrogante de la inmortal niña de sus últimas
pinturas. Y entonces Javiel sonríe, todo fortaleza y cordura. Algunas niñas, casi
adolescentes, despiertan en esas noches algo pegajosas y sienten que alguien les
pinta un aura de colores. Las mejores, la llevarán toda la vida. El observador
experimentado descubrirá que esa niña (Esther, porque es siempre la misma)
llora bajito para que Javiel no se entere.
Alfredo Gomez
Letras en camiseta
Explicación
Estaba tomando un café en la penumbra de un bar y alguien a mis espaldas
decía: "La muerte no es un ser vivo. Es lo opuesto, hace falta decirlo? Por lo
tanto no sale con una guadaña a buscar amantes que escalan balcones, ni se
aparece por sorpresa dejando entrever debajo de su parca una calavera: eso es
un esqueleto vivo, algo que tampoco existe.
La muerte no viene ni va, está desde siempre y no tiene forma. Si estuviste
anestesiado en un quirófano tal vez lo entiendas, eso que no recuerdas es lo que
más se le parece."
Puse unas monedas en la mesa y me fui sin mirar a nadie.
La carpeta de Monsieur Fourcade
16 
La noche anterior estuvimos en el restaurante “Café de Flore”. Fuimos a tomar
chocolate caliente. Allí nos encontramos con Maggie, la pequeña pecosa. Cómo
estaba sola nos sentamos con ella. Nos dijo que había estado Edith y tuvo que
marcharse porque tenía que terminar de traducir un libro de Simone de
Beauvoir. Le preguntamos que estaba leyendo mientras apretaba un libro contra
su pecho. “La rosa profunda” de Borges, dijo dulcemente. Abrió el libro y nos
leyó un poema. Al terminar, suspiró mirando nuestros ojos. Dijo entonces: “Es
una maravilla. Miren, tengo la piel erizada.” Y nos mostraba su fino brazo de
pecas. César respiró profundo y sin decirnos nada salió del café a fumar. Le pedí
que me dejara ver el libro. “Espera,” susurró. Comenzó a leer el poema llamado
“Un ciego.” Después de leerlo, Maggie se quedó mirando por la ventana, con el
libro abierto. César recién se había sentado y yo de pie decía que ahora era mi
turno de salir a fumar. Ya fuera, con el cigarro encendido, sentía ciertas
sensaciones indescriptibles que se agolpaban en mi corazón y recordaba aquella
vez en que Jorge Luis, tomado de mi brazo, paseaba conmigo en la plaza Las
Heras y hablaba sobre “la estética de Berkeley.” El humo del cigarro se perdía
por el Boulevard Saint-Germain. Miraba al cielo y no podía encontrar ninguna
estrella que brillara.
Eduardo Mollo
La obra de Alfredo Zitarrosa
Bartolomé Hidalgo
La ley es tela de araña
Letra: Bartolomé Hidalgo/Música: Alfredo Zitarrosa
Siempre había oído mentar
que ante la ley era yo,
igual a todo mortal,
Pero hay su dificultad
en cuanto a su ejecución.
Roba un gaucho unas espuelas,
o quitó algún mancarrón;
lo prenden, me lo enchalecan,
y de malo y salteador,
lo tratan y hasta el presidio
lo mandan con calzador.
Vamos pues a un señorón:
Tiene una casualidad;
ya se ve, se remedió,
un descuido que a cualquiera
le sucede, sí señor.
Al principio mucha bulla,
embargos, causa, prisión;
van y vienen, van y vienen,
secretos, admiración.
¿Qué declara? Que es mentira,
que él es un hombre de honor.
¿Y la mosca? No se sabe,
el Estado la perdió;
el preso sale a la calle
y se acabó la función.
Y esto se llama igualdad,
¡la perra que los tiró!
Porque siempre oí mentar
que ante la ley era yo,
igual a todo mortal.
Pero hay su dificultad
en cuanto a su ejecución.
Esta canción, está incluida en el surco N° 2 del Lado B del disco “ Coplas del Canto ” (
Zitarrosa/6 ), editado en 1971 en Uruguay, por el Sello Orfeo.
Información general sobre el poema
Los versos seleccionados por Alfredo Zitaarrosa para esta canción, provienen de “
Diálogo Patriótico Interesante ”, de 1821. El diálogo se produce entre Jacinto Chano,
capataz de una estancia en las Islas del Tordillo y el gaucho Contreras, de la Guardia del
Monte. Es uno de los Tres Diálogos Patrióticos, escritos entre 1820 y 1822.-
En este Diálogo, los personajes intercambian comentarios críticos contra los caudillos y
critican la mala administración, las luchas entre revolucionarios, el despilfarro
económico, la desatención de las viudas y los soldados y la no aplicación de la ley.
Expresan escepticismo uno y esperanza el otro.
Este material se publicó en la Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos Uruguayos,
Volumen 170 “ Bartolomé Hidalgo, Obra Completa ” ( Montevideo, 1968, Ministerio de
Educación y Cultura.)
Bartolomé Hidalgo ( Breve noticia biográfica )
“ Bartolomé Hidalgo (1788-1823), poeta oriental que fuera considerado "maestro" de
la poesía gauchesca y calificado como el "Homero" del género por Bartolomé Mitre, es
el primero y más importante precursor de la poesía popular del Río de la Plata. En 1811,
en plena lucha por la Independencia, publicó en folletos sus primeras composiciones
—dentro de la línea de la poesía culta, neoclásica— pero ya al año siguiente se difundió
el primero de sus "Cielitos", que representan lo más conocido de su creación en la
vertiente popular. Sin embargo, es en sus "Diálogos" donde alcanza la plenitud, tanto
en el plano de la expresión como en el de la significación. ”
Tomado de: Los "diálogos patrióticos" de Bartolomé Hidalgo en la prehistoria de la
ciudadanía, de Leonardo Rossiello.
“ Bartolomé Hidalgo es el arquetipo de nuestro canto popular. Es el referente más
importante de esta etapa. No sólo se alzó con un género propio, la poesía gauchesca,
tomando la voz del pueblo, o sea, lo que el pueblo tenía para decir, sino que utilizó su
léxico: el que podría definirse como criollo, o como un dialecto del español. ”. “ …Sus
versos no sólo fueron escritos a imagen y semejanza del cantar del gaucho, sino que,
como dijimos, los entonó el pueblo, de dónde él – hombre culto – se fundamentó. Su
poesía no fue un artificio intelectual descriptivo de lo que se vivía, se concibió con
conocimiento de causa de lo traducido poéticamente. ” Tomado de:
Canto popular. Historia y referentes. Hamid Nazabay, Ediciones Cruz del Sur,
Uruguay, 2013.
Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Lee de Forest
El 1º de setiembre regresó el padre y comprobó con satisfacción la mayor
madurez de su hijo. Luego lo acompañó a la Escuela Mt. Hermon donde lo
inscribió. El joven dejó su equipaje en el dormitorio que le habían asignado y
luego fue con su padre a cenar en una posada para después acompañarlo a la
estación donde Henry tomaría el tren de regreso a Talladega. Fue una despedida
muy emotiva. Luego regresó a la escuela donde debería permanecer durante dos
años.
La Escuela Mt. Hermon
Era una escuela religiosa cuyo funcionamiento estaba regido por los
principios de su fundador, Dwight Moody, quien afirmaba que: “una vida
meritoria debe estar compuesta por trabajo, religión y estudio”. _ Los
estudiantes pasaban dos horas y media por día realizando tareas manuales en la
granja que consistían en ordeñar las vacas, cosechar patatas y limpiar de piedras
los campos. La venta de los productos de la granja contribuían a sostener
económicamente la escuela y, de este modo, abaratar las tarifas a los
estudiantes. Los cursos consistían en latín, literatura, geografía, álgebra y física;
también se dictaban clases diarias sobre la Biblia y servicios religiosos
dominicales. Lee sobresalió en sus estudios sobre todo en matemáticas y física.
Uno de los profesores de ciencias, se interesó por el joven al comprobar su
interés y dedicación al estudio y le propuso ejercicios más complicados que
fueron recibidos con entusiasmo por el estudiante. Años después Lee tendría
palabras de elogio para este profesor que le había “dado la inspiración y el
incentivo que necesitaba especialmente en esa etapa formativa de mi vida”. _
Pese a su intenso trabajo, se hizo tiempo para practicar deportes tales
como patinaje sobre hielo y participar en un concurso de caminatas. Además
solicitó trabajo adicional en la granja para poder enviar dinero a sus padres y
aliviarles los gastos que les ocasionaba. Cuando se sentía muy agobiado por este
ritmo tan intenso visitaba a su hermana que estudiaba en una escuela en
Northfield a cinco kilómetros de Mt. Hermon (los hacía a pie para ahorrase el
boleto de ferrocarril); allí tenía ocasión de tratar con las compañeras de Mary
entre las que había chicas muy bonitas; en estos paseos se divertía mucho.
Todas las semanas intercambiaba correspondencia con su familia; un día
recibió una carta de su padre que fue particularmente estimulante para él, tanto
que la pegó en su cuaderno de apuntes; decía la carta: “La confianza en sí mismo
se desarrolla trabajando sin ayuda… No quiero ningún debilucho, apocado y
melindroso entre mis hijos varones. Sólo tengo dos, pero cada uno debe ser un
león. El heroísmo en la escuela significa éxito en el futuro”. _
Ilustraron: George Grosz, Raúl Javiel Cabrera, s/d, Robert Doisneau.
El mundo que viene tendrá lo que sin duda desea y merece: libros de plástico,
aún durante cierto tiempo, para acabar en un tiempo sin libros. Y después, que
el diablo nos lleve a todos. APR

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