Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Después de 20 años y ocho intentos, enfrentando desastres naturales, cambio de protagonistas, problemas de financiación y demandas legales, el proyecto del cineasta británico estadounidense Terry Gilliam, «El hombre que mató a Don Quijote» se realizó:

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El veterano actor francés Jean Rochefort, en el papel del Quijote, quedó paralizado de dolor con una infección de próstata que contrajo en los primeros días de rodaje. La locación tampoco fue la ideal, pues quedaba cerca de una base militar de la OTAN de donde las constantes salidas y aterrizajes de aviones de combate interferían con la filmación. El segundo día de producción, un deslave destruyó el set y, como si fuera poco, Rochefort tuvo que ser llevado por helicóptero a un hospital para una operación de emergencia.. La producción fue desmantelada y la compañía de seguros que respaldaba el proyecto tomó posesión del libreto a manera de garantía colateral. Sin embargo, ninguno de estos desastres pudieron disuadir al aguerrido Gilliam de su sueño imposible. Finalmente, en 2016, cuando se celebraba el 400 aniversario de la muerte de Cervantes, Terry Gilliam declaró que estaba resucitando el proyecto con la asistencia del productor portugués Paulo Branco.

Como bien decía Foucault en Las palabras y las cosas, el propio Quijote no es tanto carne enjuta sobre hueso largo, como signo. «Todo su ser no es otra cosa que lenguaje, texto, hojas impresas, historia ya transcrita. Está hecho de palabras entrecruzadas; pertenece a la escritura errante por el mundo». La realidad vive infectada de la ficción que le da cobijo, alas y finalmente sentido. El concepto, por así decirlo, no puede ser más brillante. Otro asunto es el caos, lo atropellado de una narración que surge a borbotones empeñada en ser metáfora de todo: de un mundo desigual, de un cine miserable, del propio acto de creación… Tan malo como no preparar las cosas es prepararlas demasiado. Y ese subrayado sobre subrayados viejos, desgraciadamente, se hace visible. La película, digamos, navega feliz en la confusión, en el caos, en la consciencia de su más íntimo fracaso. Borges, siempre él, imaginó a un hombre empeñado en versionar el Quijote; un hombre, Pierre Menard, que en su esfuerzo por reproducir cada uno de los acontecimientos personales, sociales, psicológicos y hasta azarosos desde donde surgió la novela, no le quedó más remedio que reproducir exactamente palabra por palabra el texto de Cervantes. No se trata de reescribirlo. Ni mucho menos copiarlo o, más vulgar, lejos de él la idea de adaptarlo a nuestro tiempo. La idea es, en efecto, escribirlo tan revolucionario, anacrónico, perfecto y necesariamente incompleto como, en efecto, lo escribió Cervantes. Menard es Gilliam. Tenía que ser así. Retratar el caos exige caos. El Quijote no acaba nunca. Ni éste ni ningún otro. (bbc.com/elmundo.es)

 

El hombre que mató a  Don Quijote

Año:2018/Duración:132/Nacionalidad: España, Bélgica, Portugal, Gran Bretaña/Actores: Adam Driver, Jonathan Pryce, Joana Ribeiro, Stellan Skarsgård

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