Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

de EL Pueblo, juntamos todas las escrituras: las que dan voz a la tragedia de la vida y aquellas que dan voz a su
encanto; las que se obsesionan con la verdad y aquellas que pretenden reinventar el mundo.
Ahora no me conoces

El ilustre visitante

Ahora no me conoces edición anterior
Orquesta típica Mármon y Santurio (José Pepe Torres)
Alfredo Gomez
Letras en camiseta
Fatimah.

Cimbraba la cintura como una cobra bajo el sol de la media
tarde. La quedé viendo mientras se alejaba.
Piel de cobre, azabache frío su pelo, la mujer que nunca
sería mía, ¿a quién se entregaría?
Adivinando sus manos finas,su amor de arroz en la cocina,
el turmeric y el azafrán en su cuello, y la noche profunda
escondida en los ojos negros.
Dormir a su lado, cuidar su sueño leve, despertar al té
temprano, queso de cabra, pan pita y aceitunas.
Fuera yo ese hombre que nunca le dijo que la amaba, que
nunca le habló de su belleza, que le llenó el vientre de
latidos, y que marcaba el sendero delante de sus pasos.
Fuera yo ese hombre, el silencio que los une, lo que muere
en las palabras, flor que de nombrarla se marchita.
Fuéramos los dos bajo el cielo abierto, en un huerto de
granados y limoneros, mirando pasar las sombras de la
tarde, pájaros rojos, pájaros negros.
Un día igual a otro día, como besos en el aire, como
pañuelos. En un sueño de azucenas y alelíes, sin peso, sin
prisa, con un destino absoluto y cierto.
Espejismo de otros mundos.
Serpiente sagrada, sinuosa cobra, signo de interrogación sin
respuesta.

Daniel Da Rosa

El amor puede mirarse con los ojos cerrados
dónde
el fuego quema el cielo
la delicada línea que nos divide en dos
la luz sin fondo cayendo en el corazón
el amor puede hablarte con la boca quieta
dónde
brilla el viento de niño tejido de sueños
es clara la noche cuando padece de luna llena
el amor puede abrazarte en la distancia
lo saben los pájaros las cartas la poesía
dónde
los silencios se apagan como luciérnagas
sino en el temblor de un beso en labios sedientos
nada de lo que diga o escriba o escuche
podrá esconder esa mirada
que atraviesa
el tiempo más rápido que un rayo
dónde
donde el amor sonríe.

La carpeta de Monsieur Fourcade  
8
Enseguida de arribar a Montevideo, fui a visitar la casa de mi amigo, en la
Ciudad Vieja. Después de la cena, conversamos de muchos temas mientras
fumábamos unos cigarros. Entre ellos, sobre la leyenda del enano de Margat.
Cuando mi amigo se fue a dormir, me quedé un rato más leyendo el diario “El
Diario” y  pensé viajar a la ciudad “La Bella” para hospedarme en el Hotel
Oriental e ir al otro día a la zona de Margat para averiguar entre sus vecinos la
veracidad o no, de la aparición nocturna del extraño “enano” del lugar. Y así lo
hice. Ya registrado en el primer hotel turístico del país, estuvimos de charla con
el recepcionista, quien me advirtió de lo peligroso que podría ser transitar por
esa zona, por la cantidad de historias de terror contadas por quienes tuvieron la
mala suerte de encontrarse con el “enano.” Sin embargo la señora que atiende la
cocina me dijo que no creyera nada de eso, que todo eran leyendas improbables.
Esas conversaciones avivaron mi curiosidad. Y a la vez temía que me pasara lo
del gato, que la curiosidad me matara.

Rosina More

El agua corría por la calle de adoquines y nosotros nos acostábamos boca arriba.
Recuerdo el cielo ancho como un toldo que caía sobre nosotros.
(recuerdos de infancia y lluvia)

Eduardo Mollo

La obra de Alfredo Zitarrosa

Con cada canto nuevo siente el que canta
Que le sube la vida por la garganta.
A. Zitarrosa, La canción del cantor, 1968

Wáshington Benavídez
Milonga del Alma III

“Milonga del Alma III”, integra la tetralogía denominada “Milonga del Alma”.
“Milonga del Alma I y II, son dos poemas de Alfredo Zitarrosa musicalizados
por Héctor Numa Moraes, la III es la que forma parte de esta entrega y que
aparece en el disco llamado Zitarrosa/Numa “Sobre pájaros y almas”, y
“Milonga del Alma IV”, pertenece en letra y música a Wáshington Benavídez.
Las cuatros obras musicales, fueron editadas en Uruguay por el Sello Orfeo, de
manera póstuma en 1989, en el LP “Pájaros y Almas”.
Al respecto, Rosalba Oxandabarat escibe en Brecha en 2016, lo siguiente:
“ Fue el disco póstumo de Zitarrosa. Grabado en octubre de
1988, sin llegar a la edición, el artista no llegó a ver ese disco que tantos años
después, estremece. Porque en él, a la vez que se afianzaba un camino donde el
poeta que Zitarrosa siempre fue se muestra despojado, atento a lo esencial,
aletea de principio a fin la muerte, en palabras austeras y premonitorias. ”

Milonga del alma III

Texto: Wáshington Benavídez/Música: Alfredo Zitarrosa

Está sentado ahí. Todos saben que es comunista, lo respetan, se sabe, es pobre y
rico, generoso al convidar, al envidar y hasta para echar el resto. Confirmo,
porque todos sospechan, que tiene miles y miles de compañeros almas y más.

De la frágil materia del olvido,
pétalo a pétalo te alcé, ilusoria,
tan hondo para amar, tan resentido,
que vuelvo el rostro a toda mi memoria.
Pero no quiero en esta mala gana,
verte como a una Alicia en el espejo,
inalcanzable mancha de una plana,
cuando era niño, cuando no era viejo.

La memoria es amante que requiere
un tiempo que no puede ser el mío;
no puedo ser el silbo de lo umbrío,
yo soy el cazador, soy el que hiere.
Jacarandoso árbol de la flor,
que pone azul a toda la plazuela
y que te vio guardándote mi amor,
como a fruto robado, una chicuela.
Y yo, que duermo a veces en el seno
de una bebida con calor de madre
-qué digo, no, tan sólo de comadre-,
amo el valor del que cayó en el cieno*.
El amor que blasfema,
atado como un perro a dura estaca
y aleja del costado del poema,
una visión pueril de toma y daca.
El alma tan mentida,
el tiempo frívolo de sacrosanto
viernes de pasión vestido;
la irresponsable llama de la vida
en el pábilo negro de mi canto,
y ese señor olvido, que no olvida,
y ese señor espanto.

(Los textos en cursiva corresponden a partes recitadas y pertenecen a Alfredo

Zitarrosa)

*Cieno: Lodo blando que se deposita en el fondo de lugares donde hay agua

acumulada o en sitios bajos y húmedos.

Wáshington Benavides nació el 3 de marzo de 1930
en Tacuarembó, Uruguay. Colaboró con la revista Asir en la década de 1950.
Desde entonces prosiguió una abundante labor de creación poética, que lo sitúa
entre los poetas más importantes de su generación. En 1955 publicó su primer
libro de poesía "Tata Vizcacha”.
En los años de la dictadura militar, impulsó
decididamente el canto popular, como forma de resistencia. Fue uno de los
integrantes del "Grupo de Tacuarembó", del cual también formaron parte otros
poetas y músicos de ese departamento, como Eduardo Larbanois y Eduardo
Lago (integrantes de "Los Eduardos"), Eduardo Darnauchans, Héctor Numa
Moraes y su sobrino Carlos Benavides junto al que ha editado varios discos
como "Benavides y Benavides" y "Las milongas".
Fue docente de Literatura primero en Educación
Secundaria y más tarde en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la

Educación en el Departamento de Letras Modernas y Contemporáneas de la
UdelaR.
Sus poemas han sido versionados en canciones por artistas como Daniel
Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Héctor Numa Moraes y Abel García entre otros.
Como por ejemplo: "Como un jazmín del país", "Milonga del Cordobés", "Yo no
soy de por aquí" y "Tanta vida en cuatro versos", entre otros.( De escritores.org )

El Maestro Enrique Ilera
El esquimal

En aquella noche de invierno y cuando ya había ocultado, la temperatura era tan
baja que el termómetro apenas marcaba el talle cuarenta y cuatro en el reloj de
agujas desinfladas de la torre de la iglesia.
El viento arreciaba desde abajo, formando al chocar con el que veía de arriba,
condiciones climáticas tan extremas que los Alienados Evadidos del Bosque de
los Afiladores o Donde crecen los Eucaliptus, estaban muy convencidos de ser
ahora osos polares o bien pingüinos, según conviniese a sus posiciones
geográficas. Que no camellos aclimatados como lo que habían creído hasta
ahora.
Las personas predispuestas a entran en calor con facilidad montaban en cólera
por el entumecimiento de sus narices y las de temperamentos más apaciguado
se acostaban a las tres de la tarde, conjugando así la siesta con el reposo
nocturno para evitar cenar al mediodía y ahorrarse la merienda.
Las adversas condiciones climáticas se hacían sentir mucho en las oficinas de
Haljala y Ayala, donde los inmuebles que alquilaban eran para climas templados
y no donde las temperaturas congelaban a las cometas en el aire, volviendo así
inútiles a los hilos y sus manipulantes.
Las oficinas de la inmobiliaria ya iban a cerrar sus puertas resquebrajadas por la
escarcha cuando para gran expectativa de Haljala y Ayala y mucho fastidio de
Delgrosi y Delfino, un sujeto de piel cetrina, baja estatura y cubierto en pieles
desde la cabeza a los pies irrumpió en el despacho de los traficantes de
viviendas.
– ¿Habrá algún iglú disponible?- preguntó el esquimal.
Haljala y Ayala quedaron helados y Delfino y Delgrosi con la sangre en
ebullición por los nuevos esfuerzos y contrasentidos que con toda seguridad las
exigencias de aquel nuevo inquilino traerían consigo.
No se hace necesario aclarar que en todo Rabo Corto no existía tan singular
vivienda, por lo que justificando sus contrariedades, los dos empleados de la
inmobiliaria se vieron obligados a trasladar una pesada heladera para dar
conformidad al hombre envuelto en pieles. O casi.
Ilustraron: Rodolfo Torres, Pablo Pose Malacrida, s/d.
El tiempo no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Este es el
motivo por el cual el ser humano no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo

de repetir.MK

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